Conclusiones

A lo largo del texto, hemos querido dejar claro que las estrategias actuales del capital global, y las consiguientes políticas, no sólo no resuelven los problemas económicos, sino que, sobre todo, causan un grave deterioro de la situación de las poblaciones. Y es precisamente la UE uno de los ámbitos más importantes de articulación de estas estrategias. Proporciona una coyuntura única y favorable para las fuerzas conservadoras en la historia de la lucha de clases, las cuales han decidido aprovechar el poder que les brindan las circunstancias actuales, ya no para legitimarse, como en el último siglo, sino para continuar subyugando a la clase trabajadora.

La reacción del capital europeo para mejorar su situación ante la competencia feroz de nuevos espacios económicos en auge, ha marcado el rumbo de la UE. Pero no se han resuelto los problemas más acuciantes del continente, y menos todavía de los Estados más vulnerables. La construcción de la UE consolida problemas de gran alcance: destrucción de partes significativas del sistema productivo, enfrentamientos entre distintos intereses, endeudamiento masivo, déficits fiscales y comerciales, altos niveles de paro, etc. La UE se convierte en un escudo infranqueable para las demandas sociales de la ciudadanía.

Con la crisis, la orientación neoliberal de la UE alcanza una nueva dimensión más ineficiente y cruel que nunca para las poblaciones. Los rescates de la Troika de las economías en quiebra son verdaderos mecanismos de destrucción de sectores productivos y sometimiento en Grecia, Portugal, Irlanda y el Estado español, en favor de la recomposición del capital. La periferia europea se ve expulsada de sus aspiraciones y sueños de ser miembros del llamado primer mundo. A pesar de que las instituciones nos están contando que, gracias a los “deberes” que han hecho estos gobiernos, se está reactivando la economía, lo cierto es que la austeridad está hundiendo los sistemas productivos y debilitando los derechos sociales. La competitividad y los beneficios van en dirección inversa al hundimiento de los derechos laborales y los salarios, y la distancia entre las economías más potentes y las más débiles son más amplias que nunca.

Si observamos las diferencias en el PIB per cápita, en el consumo per cápita o en el poder adquisitivo, el resultado muestra claramente que hay una profunda división Centro-Periferias en Europa. Además, las diferencias sociales internas en cada economía son también acentuadas.

En la mayoría de países no se perciben soluciones estructurales en las políticas económicas aplicadas que permitan a los ciudadanos conseguir empleos de mayor calidad y mejor remunerados, que son la base fundamental de la renta para la gran mayoría de la población. La falta de empleo de calidad muestra la tendencia hacia la degradación social en los países de la UE, porque junto al aumento del desempleo se aprecia un crecimiento del subempleo por la vía del trabajo a tiempo parcial y temporal. En definitiva, entre las rebajas salariales y las nuevas regulaciones laborales que favorecen la precarización del trabajo, también se está produciendo en todos los países de la UE un incremento del porcentaje de trabajadores ocupados pobres.

La Europa en declive evidencia un sistema capitalista turbulento e inestable y, a su vez, un gran poder económico de sus capitales, y una larga historia de dominación como punta de lanza del capitalismo en el mundo. Pero esto únicamente puede lograrlo con el deterioro de la situación de sus clases populares. Sólo así se puede entender la UE y sus políticas.

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